Skip to main content

Fold in the Seafood:

Cheddar Bay Biscuit Seafood Pot Pie




A comfort food masterpiece with creamy seafood and golden biscuits!

Ingredients :

Seafood Filling:

1 tbsp butter

1/2 cup onion, finely chopped

1/2 cup celery, diced

1/2 cup carrots, diced

2 garlic cloves, minced

1/4 cup all-purpose flour

1 1/2 cups seafood stock or chicken broth

1/2 cup heavy cream

1/2 cup frozen peas

1 cup shrimp, peeled and chopped

1 cup lump crab meat (or imitation crab)

Salt & pepper to taste

1/2 tsp Old Bay seasoning (optional for extra kick)

Cheddar Biscuit Topping:

1 pack Cheddar Bay biscuit mix (like Red Lobster brand)

1/2 cup shredded cheddar cheese

1/3 cup cold water (or per box instructions)

2 tbsp melted butter + garlic herb mix (from the biscuit pack)

How to Make It :

Sauté the Veggies:

In a large skillet, melt butter and sauté onion, celery, carrots, and garlic until tender—ultimate cozy flavor base for a comfort-packed filling.

Make That Creamy Seafood Sauce:

Stir in flour and cook for 1 min. Slowly whisk in seafood stock and cream, letting it simmer until thickened—next-level creamy filling vibes coming in hot.

Fold in the Seafood:




Add shrimp, crab, peas, Old Bay, and season with salt and pepper. Cook 2–3 minutes until seafood is just tender—seafood lovers’ dream achieved!

Add Biscuit Magic:

Pour the seafood filling into a greased baking dish. Drop spoonfuls of the cheddar biscuit dough over the top—golden cheesy crust goals activated.

Bake & Serve:

Bake at 375°F for 20–25 minutes until biscuits are golden brown and filling is bubbly. Brush with garlic butter and dig into that creamy, biscuit-topped bliss.

Prep Time: 15 minutes | Cook Time: 25 minutes | Total Time: 40 minutes | Serving: 4–6

Calories: ~480 per serving | Protein: ~30g per serving

Comments

Popular posts from this blog

"Mamá... Papá tiene otro... te van a quitar todo el dinero..." Cancelé inmediatamente mi viaje de negocios para reaccionar de inmediato. Y tres días después...

  Me llamo Laura, tengo 36 años, vivo en la Ciudad de México y soy directora de operaciones en una empresa de alimentos orgánicos. Mi matrimonio con Daniel, técnico en informática, duró más de diez años, tiempo suficiente para creer que lo conocía bien. Hasta esa noche. El susurro que me heló la sangre Esa noche, estaba haciendo la maleta para un viaje de cuatro días a Guadalajara. Mi hijo Mateo, de apenas ocho años, apareció de repente en la puerta de mi habitación. Apretaba con fuerza su peluche de Pikachu, con los ojos rojos como si acabara de llorar. Salté: — Mateo, ¿por qué no estás dormido todavía? El niño tartamudeó, se acercó y me agarró la manga: "Mami... Papá tiene otra esposa... y te van a quitar todo tu dinero..." Me quedé paralizado. Todo en la habitación pareció detenerse. Me agaché para estar a su altura: — ¿Dónde escuchaste eso? El niño temblaba: "Escuché a papá al teléfono. Dijo: 'Firma esto, no se dará cuenta'. Y entonces una mujer se rió... Ten...

Mi esposa vio a nuestro recién nacido y gritó: "¡Ese no es mi bebé!" — Nunca hubiera adivinado la verdadera razón.

Se supone que la llegada de un hijo es uno de los momentos más felices de la vida. Sin embargo, para Lucas y Clara, este día tan esperado se convirtió en una pesadilla de confusión y miedo en cuestión de segundos. Cuando Clara vio a su bebé por primera vez, gritó: "¡Este no es mi bebé!". Una frase escalofriante que congeló la sala de partos… y el corazón de su marido. Lo que Lucas descubrió después no tenía nada que ver con un intercambio de bebés ni con un error médico. La verdad era mucho más personal e infinitamente más dolorosa. Una pareja normal, un amor sólido. Lucas y Clara se conocieron jóvenes, en un café cerca del campus universitario. Ella compaginaba sus estudios de enfermería con trabajos ocasionales, siempre agotada, pero profundamente humana. Su relación se desarrolló de forma sencilla: un apartamento pequeño, planes modestos, muchas risas y una conexión genuina. Habían hablado mucho de tener un hijo, pero nunca encontraron el momento adecuado. Cuando Clara fin...

NOVIO la reconoce cerca del muelle de pescadores en Mazatlán — 29 años de silencio separaron…

  NOVIO la reconoce cerca del muelle de pescadores en Mazatlán — 29 años de silencio separaron… En septiembre de 1995, una joven de 20 años salió de su trabajo en una papelería de Mazatlán para ver un departamento que cambiaría su vida. Nunca regresó a casa. Durante casi tres décadas su nombre se desvaneció entre carpetas olvidadas y búsquedas sin respuesta. Pero en julio de 2024, bajo el sol implacable del muelle de pescadores, un hombre reconoció algo que el tiempo no pudo borrar. Una pulsera de chaquiras con una concha blanca gastada pero intacta, brillando en la muñeca de una mujer que el mundo había dejado de buscar. Mazatlán desplegaba su rutina costera con el mismo ritmo de siempre. En la colonia Juárez, las calles se llenaban temprano con el trajín de los puestos de verdura, las tienditas que abrían persianas metálicas y los camiones urbanos que levantaban polvo al frenar en las esquinas. Paloma Armenta conocía cada cuadra de ese territorio como si fuera parte de su propia ...